Lo que toda empresa debería saber antes de acoger a un estudiante en prácticas

Lo que toda empresa debería saber antes de acoger a un estudiante en prácticas

Llevo más de veinte años trabajando para que los jóvenes puedan dar un primer paso real en el mundo profesional. No el de enviar un currículum, sino el de entrar en una organización, observar cómo funciona de verdad, equivocarse con red y aprender haciendo. Ese paso que ningún aula puede sustituir y que, en el mundo en el que vivimos, se ha convertido en una de las experiencias formativas más decisivas que podemos ofrecer a una generación.

Por eso, cuando una empresa nos pregunta cómo abordar la formación práctica en el contexto actual, nuestra respuesta es siempre la misma: con criterio, con acompañamiento y con confianza. El marco normativo de las prácticas en España está madurando —como ocurre en todos los países de nuestro entorno europeo— y esa maduración, bien entendida, es una oportunidad para profesionalizar algo que ya hacemos bien.

Este artículo va dirigido a las empresas que acogen estudiantes con compromiso, a las que destinan tiempo y recursos a tutorizarlos, y también a las que se lo están planteando. Porque trabajar con instituciones especializadas en el ecosistema universidad-empresa no es solo una garantía de cumplimiento: es una ventaja estratégica.

Un marco en evolución, una oportunidad para liderar

En los últimos meses, el ecosistema normativo de las prácticas académicas ha avanzado de forma significativa. El Consejo de Ministros ha aprobado el Proyecto de Ley del Estatuto de las Personas en Formación Práctica no Laboral y el Ministerio de Universidades ha actualizado su marco con un nuevo Real Decreto de prácticas universitarias. Son señales de que la sociedad —y sus instituciones— reconocen el valor de este sistema y quieren dotarlo de mayor solidez.

Desde la Fundación Universidad-Empresa participamos activamente en ese proceso: aportamos evidencia, trasladamos la voz de las empresas y las universidades, y trabajamos junto al legislador para que las normas que se aprueben sean útiles, aplicables y justas para todos los actores. Esa interlocución constante es parte de lo que hacemos.

Lo primero que conviene recordar es algo que puede parecer elemental pero que a menudo se pierde en el debate público: un estudiante en prácticas no es un empleado. Es una persona en formación, amparada por un convenio de cooperación educativa, con un proyecto formativo definido, supervisada por un tutor académico y otro profesional, y vinculada a un plan de estudios con créditos universitarios. Las prácticas externas son, literalmente, una asignatura más del itinerario formativo.

Esta distinción no es un tecnicismo. Es la diferencia entre un marco construido desde la lógica educativa —donde la prioridad es la calidad del aprendizaje— y otro construido desde la lógica laboral —donde la prioridad es la protección frente a la explotación—. Entenderla bien permite a las empresas posicionarse correctamente: no como empleadores en riesgo de infracción, sino como socios educativos que aportan valor al sistema.

Lo que el Libro Blanco de las Prácticas nos enseña

Desde la Red de Fundaciones Universidad-Empresa impulsamos el Libro Blanco de las Prácticas, un estudio que analiza miles de experiencias reales de formación práctica en España. Lo hicimos porque estábamos convencidos de que las decisiones sobre este sistema debían basarse en evidencia, no en relatos. Y sus conclusiones son directamente aplicables para cualquier empresa que quiera entender qué funciona y qué no.

La primera conclusión es que la calidad de una práctica no depende del tamaño de la empresa ni de los recursos de la universidad. Depende de tres factores concretos: la existencia de un tutor formado que acompañe al estudiante, un seguimiento continuo de la experiencia y un proyecto con propósito definido. Los estudiantes que cuentan con tutores que les explican el porqué de las tareas, que les ayudan a conectar lo que aprenden con los objetivos de la organización y que les ofrecen retroalimentación constante valoran significativamente mejor su experiencia. Y esa valoración se traduce en resultados medibles: según nuestro Estudio Competencial, las competencias de los estudiantes mejoran una media de 20 puntos tras una práctica bien diseñada.

La segunda conclusión es que la burocracia sigue siendo el principal freno a la participación empresarial. Es precisamente aquí donde el acompañamiento de instituciones especializadas marca la diferencia: en FUE gestionamos los convenios, simplificamos los procesos y actuamos como puente entre la empresa y la universidad, reduciendo la carga administrativa a su mínima expresión.

Y la tercera es que la inversión en prácticas tiene retorno directo. El 73 % de los jóvenes que pasan por un programa de prácticas bien estructurado encuentra empleo durante la experiencia o en los seis meses posteriores, y más de la mitad accede a contratos indefinidos. Para la empresa, esto significa reducir costes de selección, acortar la curva de incorporación y acceder a talento que ya conoce la cultura y los procesos de la organización. No es filantropía: es estrategia.

Trabajar con quienes conocen el sistema por dentro

Una de las decisiones más inteligentes que puede tomar una empresa respecto a la formación práctica es no gestionarla en solitario. El ecosistema universidad-empresa tiene sus propias reglas, sus tiempos y sus actores clave. Conocerlos lleva años. En FUE los llevamos desde 1973.

Nuestra posición singular —conectados simultáneamente con universidades, empresas, administración pública y organismos europeos— nos permite anticipar cambios normativos, trasladar las necesidades del tejido empresarial a quienes diseñan las políticas y ofrecer a cada empresa el marco más adecuado para su realidad. No somos intermediarios: somos parte del sistema.

No hay que retirarse: hay que reforzar la posición

Las empresas que más partido sacan de la formación práctica son las que la abordan como una función estratégica, no como un trámite. Y eso implica profesionalizar el proceso: formar a los tutores de empresa, documentar el proyecto formativo, establecer mecanismos de seguimiento y evaluación del aprendizaje.

Desde la Red FUE hemos desarrollado herramientas concretas para ello: la primera microcredencial universitaria para formar a tutores de entidades de acogida y el Sello de Empresa Impulsora de Talento Joven, un sistema de certificación que verifica que el proceso de acogida y tutorización se realiza con las garantías necesarias. Las empresas certificadas no solo cumplen: destacan. En un mercado donde el talento elige dónde quiere hacer sus primeras experiencias, ser reconocida como empresa comprometida con la formación es un activo reputacional de primer orden.

Un sistema construido sobre el compromiso

Cuatro millones de estudiantes han pasado por este sistema desde el inicio del Espacio Europeo de Educación Superior. Más del 60 % de las entidades que acogen estudiantes en prácticas no son empresas privadas: son hospitales, juzgados, centros educativos, administraciones públicas y organizaciones del tercer sector. Estamos ante una historia colectiva de éxito, construida sobre el compromiso de miles de organizaciones y sobre la confianza mutua entre el mundo universitario y el empresarial.

La protección del estudiante y la calidad del aprendizaje no son objetivos contrapuestos: se refuerzan mutuamente. Y el mejor modo de garantizar ambos no es la vigilancia reactiva, sino la construcción proactiva de un sistema bien diseñado, con tutores formados, proyectos formativos reales y acompañamiento institucional. Eso es exactamente lo que llevamos décadas haciendo.

A las empresas del entorno del Club Cámara les digo con convicción: la formación práctica de calidad sigue siendo una de las mejores inversiones que puede hacer una organización, en términos de talento y de reputación. Y quienes la practiquen con el acompañamiento adecuado —con rigor, con propósito y con las instituciones correctas al lado— no solo estarán haciendo lo correcto: estarán construyendo exactamente el modelo que este país necesita.

Un grupo de jóvenes sonrientes posando en una oficina moderna
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Artículo publicado el 30/04/2026